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LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS

LA LUCHA POR LA AUTONOMÍA SIGUE
POR: PAVEL ULIANOV

FOTO: NOTIVISION TV

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A más de 200 años del inicio de la lucha por la independencia, los pueblos originarios que aportaron miles de vidas para el triunfo de esta causa, lejos de la historia y celebraciones oficiales, lo único que tienen que celebrar es que continúan firmes en sus resistencias y luchas contra la desigualdad, por la restitución de las tierras comunales, la defensa de sus recursos naturales y la búsqueda incansable e histórica de la autonomía.

En los más de once años que duró el proceso de independencia, la participación de los indígenas en las distintas batallas fue de un 50 a un 60 % del total de los combatientes, cifras nada alejadas de la realidad si se considera que la población para 1814 era de 6,122,000 habitantes, de los cuales los pueblos indígenas constituían el 60%, las castas el 22% y los blancos el 18% (Fuente: Von Gisela / los indígenas y el movimiento de independencia). Lo que significa que miles de indígenas dieron sus vidas y su sangre para que la independencia pudiera surgir, expandirse y consumarse, participando al lado de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Vicente Guerrero entre otros insurgentes.

Los indígenas que se sumaron individual o colectivamente a los combates por la independencia eran personas de alrededor de 30 años, que sostenían una familia, pagaban tributo y cumplían con las obligaciones de sus comunidades. Las causas por las que se unieron a la lucha fueron, la sed de justicia social por la brutal explotación y discriminación a las que eran sometidos, la búsqueda de la restitución de sus tierras y aguas comunales, la promesa de disminución de los tributos y la defensa de la integridad comunal.

Entre los líderes indígenas que participaron en la lucha armada sobresalen Albino García Ramos, Juan Paulin, Pedro Rosas, Lázaro Ximénez, Juan Sebastián Bosques, Encarnación Rojas y Pedro Asencio Alquisiras, este último venció incluso a Agustín de Iturbide en la cañada de Tlatlaya mediante la guerra de guerrillas cuando era realista, “organizó sus partidas haciendo que los habitantes de los pueblos fueran simultáneamente soldados y campesinos, que cabalgando a lomo de mula caían como rayo sobre el enemigo por entre senderos abruptos y con la misma presteza desaparecían” (Herrejón Peredo Carlos / Pedro Ascencio y la consumación de la Independencia), logrando obtener el grado de capitán insurgente.

En el presente, bajo el ámbito de las celebraciones oficiales, los pueblos y comunidades originarias nada tienen que celebrar, el Estado mexicano ha sido totalmente incapaz de resolver la deuda histórica que se mantiene con las ancestrales comunidades, son los más pobres entre los pobres, los más discriminados entre los discriminados y los más explotados entre los explotados.

Las propias cifras oficiales reconocen que en la actualidad 7 de cada 10 indígenas se encuentran en la pobreza (Instituto Nacional de Estadística y Geografía / 2015), el porcentaje de niños indígenas de entre 3 y 5 años que no asiste a la escuela es de 64.4 por ciento, así mismo, un 23 por ciento de hablantes de lenguas originarias, son analfabetas. Por otro lado, 18 millones de indígenas sufren discriminación negativa debido a su fenotipo, vestimenta, idioma o sus costumbres (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social – Occidente / 2016), en otro ámbito, las comunidades continúan siendo despojadas de sus territorios y recursos naturales, toda vez que gran parte de la riqueza petrolera, gasífera y mineral sin explotar del mundo, yace bajo tierras indígenas.

En síntesis, la situación de los pueblos indígenas es similar a la que prevalecía hace más de 200 años “es terrible ver que muchos grupos indígenas siguen igual o peor que en aquella época. Antes de la Guerra de independencia, a pesar de que los indios estaban en encomiendas y en minas donde sufrían muchísimo, al menos tenían reconocidas sus Repúblicas de indios, sus juzgados y la propiedad comunal de sus tierras, desgraciadamente todo eso se fue desvaneciendo” (León-Portilla Miguel / los pueblos indígenas y su participación en la historia de México).

En perspectiva, sin la participación de los pueblos originarios, la guerra de independencia no hubiera sido posible en ninguna de sus fases, son ellos el sujeto de la historia de este proceso social, sin embargo, contradictoriamente, fueron los menos beneficiados, y desde entonces muchos pueblos y comunidades originarias continúan luchando por el autogobierno, la libre autodeterminación y la autonomía, derechos que ni la independencia, ni posteriormente la revolución, 100 años después, han podido restituirles.

“A doscientos años de la independencia y cien de la revolución lo único que podemos celebrar los pueblos indios es que seguimos luchando por la autonomía y la libre autodeterminación y es justo con estas acciones como transgredimos en la vida cotidiana la celebración de arriba” (Domínguez Fortino / Transgredir al bicentenario de arriba).

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TERRIBLE MAÑANA DEL 19 DE SEPTIEMBRE DE 1985

VIVENCIA REAL DE HACE 33 AÑOS

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Quiroga, Mich.-Bien recuerdo…

Eran las 06:45 horas de la mañana del 19 de septiembre de 1985 y bien recuerdo cuanto estaba enojado mi padre por los 20 minutos de retraso que llevábamos, su ingreso a su trabajo era a las siete de la mañana pero acostumbraba el estar 15 minutos antes de la hora.

Mi hermana y yo viajábamos en la parte posterior del carro donde mis padres también viajaban y mi hermana contaba con tan solo 8 años, yo tenía 11 años y viajábamos por el viaducto para llegar a la escuela Niel Armstrong donde estudiábamos ella en primaria y yo en primero de secundaria.

La curiosidad de mi hermana basto para darnos cuenta del fuerte sismo que nos sacudía, el viaducto tenía su circulación a vuelta de rueda, el pánico comenzó a darse entre los automovilistas que veíamos como del viaducto (eje central de aguas negras) comenzaba a salir agua; lo que obligó a algunos a comenzar escapar sobre los camellones hacia la lateral previniendo una desgracia.

Sin embargo el panorama afuera del viaducto era peor, los edificios caían, sobre el carro cayeron piedras de los edificios, cristales mientras seguíamos avanzando hasta llegar a la escuela donde vemos a la maestra de español con la cabeza ensangrentada cubierta con su suéter, mis compañeros unos tirados en el suelo heridos llenos de tierra, mi papa se baja y comienza ayudar pero luego de unos minutos sube al carro y caminamos hacia su oficina tres cuadras adelante.

Ahí el panorama era desolador, el edificio donde trabajaban mis padres había caído y junto a nosotros corrían personas desnudas, heridas, sin un brazo, con heridas en la cabeza, bien recuerdo que donde nos estacionamos había una farmacia, mi mamá entro y agarro gasas, alcohol y comenzó apoyar a la gente, recuerdo que su abrigo lo dio a una persona que gritaba “mi bebe, mi bebe” y estaba completamente desnuda.

Mi papa al pertenecer a Cruz Ambar organización de auxilio fue a su oficina dejándonos a nosotros ahí, el relataba haber visto a todos sus compañero muertos, que gritaban algunos de ellos, otros heridos; en ese edificio había muchas, muchas oficinas del Estado Mayor y otras más donde trabajan mis papas y recuerdo que días después acompañe a mis papas a pasar lista y vimos cajas encima de cajas de muertos en todo el estacionamiento y mi mama nos explicó que quizá ahí estuvieran sus compañeros.

Dios nos vio con ojos de misericordia y se bien que el decidió que se nos hiciera tarde porque si hubiésemos salido normalmente mis padres se me hubieran ido mucho antes de mi lado. Desafortunado día nos tocó vivir, pero nos hizo fuertes y nos impulsó a apoyar en todo momento a las personas en desgracia, a valorar la vida, a valorar nuestro hogar y nuestra familia.

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LA HISTORIA MÍNIMA DE LA RONDA COMUNITARIA

POR: PAVEL ULLIANOV

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FOTO: EXCLUSIVA NOTIVISION TV

Las Rondas Comunitarias, son fuerzas de seguridad históricas de las comunidades originarias de Michoacán, mantienen una vigencia de más de 500 años, representan una visión de mundo prehispánica, y en tiempos contemporáneos, constituyen una forma de autodeterminación, autogobierno y soberanía indígena.

Antes de la Conquista, los pueblos originarios en el estado se organizaban comunalmente por medio de barrios para la defensa o la guerra entre los Señoríos, la organización barrial era vital, tanto para la conformación del ejército p’urhépecha, como para división y distribución durante la guerra. A través de la representatividad de los barrios se reclutaba a los guerreros p´urhépecha, y durante la batalla, eran divididos en barrios o pueblos (Fuente: Guerra, Conquista y Técnicas de Combate entre los Antiguos Tarascos/ Martínez Roberto).

Lo anterior, también se ilustra en el libro Relación de Michoacán, Tercera Parte, Capítulo V, donde se describe la organización por barrios para la guerra: “A cada uno destos valientes hombres encomendaban un barrio, que era como capitanía, y iba con cada barrio un principal que llevaba la cuenta de cada barrio y conoscia los vecinos dél. Iban a esta conquista los de Mechuacan y los chíchimecas y otomies quel cazonçi tenía subjetos y matlalçingas y vétamaecha y contales y los de Tuspa y Tamaçula y Capotlan. Y enviaba el cazonçi con toda la gente su capitán general…” (Como Destruían o Combatían los Pueblos/Alcalá Jerónimo).

De igual forma, es preciso recordar el singular modo de producción prehispánico p’urhépecha, su división social del trabajo, pues antes del arribo español, se organizaban de manera comunal para la producción por medio de “gremios”, registrándose por lo menos 28 grupos ocupacionales, entre ellos los campesinos, cazadores, pescadores y artesanos, ésta particular forma de organización social, funcionaba también para su ejército p’urhépecha (Los Tarascos/Bartra Roger).

Posteriormente, durante la Colonia, las Rondas fueron institucionalizadas en Michoacán durante las llamadas “Republicas de Indios”, la cual se estableció en territorios densamente poblados por indígenas, funcionando por un tiempo, una especie de sincretismo entre autoridades españolas e indígenas. Bajo este marco, para mantener la “buena gobernación“, los dirigentes indígenas institucionalizaron las Rondas Comunitarias, denominándose de diferente manera: Ronda de Noche, Ronda de Vigilancia, Ronda Comunitaria, entre otros nombres.

A continuación, durante la Revolución, un ejemplo paradigmático de la defensa por medio de las Rondas, se dio en la comunidad de Tarejero, Municipio de Zacapu, donde en 1910 Juan C. de la Cruz organizó la defensa de la comunidad y se sumó a las filas de la rebelión, destacándose en combates en Tiripetío y Acámbaro. Referentes empíricos del carácter combativo de este pueblo p’urhépecha de la Ciénega de Zacapu, son los fortines construidos en la comunidad, en la actualidad permanecen 3 de los 7 fortines edificados (Tárhexeru/Guzmán Cuauhtémoc).

En tiempos contemporáneos, el ejemplo más lúcido de la defensa a través de la Ronda Comunitaria, es la protección de los bosques y de la comunidad que realizó el pueblo de Cherán K´eri, quienes expulsaron de su territorio no sólo a los criminales de la delincuencia organizada, sino a los integrantes del gobierno municipal que los solapaban. En su caminar, conformaron su Ronda Comunitaria, dividida en Ronda del Pueblo y Ronda del Monte, y en el devenir histórico, establecieron los más bajos índices de delincuencia en todo Michoacán y se convirtieron en ejemplo de rebeldía y dignidad.

Finalmente, a través de los años, en las comunidades originarias p’urhépecha prevaleció el concepto de Ronda para referirse a sus propios órganos de seguridad, y desde tiempos inmemoriales, en las comunidades p’urhépecha defienden a su familia, patrimonio, recursos naturales e identidad por medio de las Rondas Comunitarias, en sus propias palabras, “policía es la que pone el gobierno, la ronda surge del pueblo”.

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La mujer P’urhépecha en la historia

POR: PAVEL ULLIANOV

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FOTO: FACEBOOK

El 5 de septiembre se conmemora el “Día Internacional de la Mujer Indígena”, fecha instituida en 1983 para rememorar la lucha de Bartolina Sisa, guerrera aymara que luchó contra la brutal dominación española en Bolivia. Además, en este día se recuerda a miles de mujeres que han luchado contra las injusticias, dominación y opresión de sus pueblos originarios, ocasión ideal para evocar las luchas y resistencias de las mujeres p´urhépecha.

Las mujeres p’urhépecha, han participado activamente en la mayoría de los grandes procesos sociales de Michoacán, sin embargo, la historia oficial, nada o poco habla de ello. En distintos momentos históricos, las mujeres p´urhépecha, han dado ejemplo de lucha, jugando un papel central como sujeto histórico, capaz de trasformar su realidad y con ello generar historia.

En la época prehispánica, en el siglo XII, las mujeres p´urhépecha fueron un factor imprescindible de aculturación entre los recién llegados uacúsecha y los p´urhépecha agrícolas ya asentados previamente en Michoacán. Gracias a alianzas matrimoniales, los uacúsecha lograron establecerse cerca del entonces Señorío de Naranja e iniciar un proceso de aculturación en el que las mujeres, entre ellas la esposa de Hireti Ticáteme, encabezaron un proceso gradual de intercambio e identificación de preceptos sociales, incorporando y/o mejorando elementos como el idioma, la agricultura, los patrones culturales, etc. (Fuente: Alcalá Jerónimo/Relación de Michoacán).

A continuación, también en la etapa precolombina, las mujeres P’urhépecha fueron un elemento indispensable de unión, entre los entonces errantes uacúsecha y el Señorío de Jarácuaro, mediante matrimonios colectivos, se estableció una alianza teológico-militar, misma que sentó las bases ideológicas y aceleró la acumulación de fuerzas para el proceso de expansión, esta alianza puede representarse mediante el enlace de “Patzimba” hija de Cúriparaxan, principal de la isla de Jarácuaro y Pauácume Señor uacúsecha, naciendo de esta unión el gran Tariácuri. La asociación ideológica se representa en la incorporación de Xaratanga, diosa lunar, como esposa de Curicaueri, dios solar y dios del fuego (Ruiz Eduardo/Michoacán: Paisajes Tradiciones y Leyendas).

En éste mismo periodo, resalta la figura de Quenomen, “mujer de Carocomaco”, originaria de Uruapan y de condición humilde, quien en un contexto histórico adverso, logró convertirse en Señora de Zacapu, al morir su marido, ocupa el Señorío de Zacapu, cambiando el sistema de mando, hecho histórico único en la historia prehispánica de Michoacán. “Hacía traer leña para los templos, se pintaba la cara con dos bandas negras, portaba rodela y una porra para hacerse temer” (Reyes Cayetano/Tzacapu: Las Piedras Universales).

Así mismo, en el ideario colectivo p´urhépecha, resalta la figura mítica de Eréndira, líder de la resistencia indígena en contra de los españoles. Empero, esta construcción literaria, sin duda alguna desata polémica, pero al final, la “tradición michoacana”, la convirtió en mito fundacional anticolonialista e indigenista (Ramírez Ana/Eréndiras de Leyenda y de Carne y Hueso).

Posteriormente, durante la Colonia, en los años de 1766 y 1767, con el estallido social que tuvo mayor significancia en el siglo XVIII en la entonces “Nueva España”, bajo las Rebeliones de Pátzcuaro, las mujeres p’urhépecha al lado de sus hombres, y en conjunto con cientos de comunidades indígenas, se rebelaron en contra de las Reformas Borbónicas, el aumento de impuestos, la leva forzada y sobre todo la profunda desigualdad social (Gómez Mazín/Pátzcuaro Subversivo 1766 y 1767).

Después, durante el periodo de la Revolución, cuando las tierras fértiles de cultivo, el agua y los bosques fueron acaparados por los hacendados, y las propiedades y salarios de los comuneros fueron brutalmente reducidos. El trabajo como peón no era suficiente para cubrir la alimentación y vestimenta familiar, por lo que las mujeres p’urhépecha ayudaron en su manutención económica, desarrollando la alfarería, la cestería y la confección de sombreros, cobijas y sarapes, al final, se convirtieron en un verdadero sostén de sobrevivencia de muchas comunidades y evitaron aún más la inhumana concentración de mano de obra barata (Méndez Evangelina/Los P’urhépecha en la Revolución 1910-1917).

De igual forma, en la segunda década del siglo pasado, en el marco de la lucha agrarista encabezada por Primo Tapia, en distintas comunidades p´urhépecha, se organizaron Ligas Femeniles. Las mujeres p’urhépecha organizadas, jugaron un papel destacado, creando redes de apoyo al movimiento por la expropiación a latifundistas, creando cooperativas para su propio sostenimiento familiar, luchando contra el fanatismo religioso y combatiendo al alcoholismo (Castellanos Alicia/Primo Tapia de la Cruz, un hijo del pueblo).

Subsiguientemente, en la década de los 80´s, en el movimiento indígena encabezado por Elpidio Domínguez en Santa Fe de la Laguna, toda la comunidad y en especial las mujeres, emprendieron un camino de lucha y conciencia social, movilizándose permanentemente por la recuperación de sus tierras ancestrales, construyendo redes de apoyo, manteniendo en alto la moral combativa y sobre todo, participando activamente en medio del fuego cruzado, en la captura de ganado como medida de indemnización, logrando una victoria en el deslinde de tierras a favor de Santa Fe (Hernández Gerardo/El Liderazgo y la Ideología Comunal de Elpidio Domínguez en Santa fe de la Laguna).

Consecutivamente, en la sesión III del Congreso Nacional Indígena, así como en la Reunión XXIX del Congreso Nacional Indígena, llevadas a cabo en la comunidad de Nurío, se abordó de manera importante, la participación de las mujeres en la liberación de los pueblos, estableciendo la necesidad de resistencia y lucha de todos los hombres y mujeres de los pueblos originarios.

Por otro lado, en 1988 bajo el conflicto postelectoral derivado del fraude en el que se impuso a Carlos Salinas, la comunidad de Chéran y en particular las mujeres, participaron activamente en las elecciones, protestaron contra el fraude y enarbolaron la desobediencia civil. Para esto, cerraron la carretera principal, se apoderaron de autobuses para asistir a las manifestaciones masivas en Morelia, pero en específico tomaron un papel clave en la defensa de la plaza principal y del gobierno de oposición, confrontándose con la policía federal y estatal, quemándolos con agua hirviente o café caliente (Pérez Tatiana/Memoria Histórica de la Insurrección Cívica Purépecha en 1988).

Más tarde, en el año 2011, de nuevo las mujeres de Chéran vuelven a desempeñar un papel trascendental, toda vez que fueron ellas quienes iniciaron y encabezaron la rebelión en contra de las desapariciones y asesinatos, así como por la defensa de los recursos naturales de la comunidad, la búsqueda de la verdad histórica y sobre todo justicia (Guerrero Eureka/ Las viudas, las nueve mujeres. Las Lunas Rojas del fuego de Cherán).

En el pasado reciente, en el año 2014, en el pueblo de Calzontzin y bajo el contexto de la lucha de esa comunidad por la autonomía y la autodeterminación, las mujeres organizadas rescataron de manos del Ejército Mexicano, a hombres de la comunidad p´urhépecha detenidos por formar la entonces “Defensa Indígena Autónoma” y recuperaron sus respectivas armas.

Finalmente, en un entorno donde las mujeres indígenas y con ellas las mujeres p´urhépecha, han padecido humillación, desprecio, indiferencia y marginación, se han convertido en parte esencial de la economía popular, son artesanas, ejidatarias, jornaleras, migrantes y profesionistas que en dura batalla incrementan el presupuesto familiar, pero más allá de esto, en perspectiva histórica, las mujeres p´urhépecha son combativas, estableciéndose como ejemplo de rebeldía, reivindicación y dignidad.

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