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HISTORIA PREHISPÁNICA DE JARÁCUARO

POR: PAVEL ULIANOV

FOTO: PAVEL ULIANOV

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La comunidad p´urhépecha de Jarácuaro, llamada antiguamente Xarakuarhu, es una comunidad milenaria, presenta una historia continua de por lo menos 1500 años, durante la época precolombina, gracias a tres alianzas políticas e ideológicas, desempeño un papel trascendental en la conformación y expansión del Estado P’urhépecha.

De acuerdo a los registros arqueológicos, Jarácuaro fue fundado alrededor del año 550 e.c. (era común), presenta una historia más antigua que Pátzcuaro, fundado en el siglo XIV o que Erongarícuaro, establecido contemporáneamente en la primera mitad del siglo XV. Xarakuarhu significa “lugar donde se adora a la diosa Xarátanga”, diosa de la luna y diosa guerrera, una de las deidades principales del panteón p´urhépecha.

Antiguamente, Jarácuaro también se denominaba “Uarutaten hazicurin” o “Uarucaten hazicurin” (Fuente: Alcala Jerónimo / Relación de Michoacán), derivado de “Uarucua” “red de pesca” (Le Clézio J.M.G. / la Conquista divina de Michoacán) o de las expresiones “Uérhukurini jatsikurhini” “posesionarse en la orilla” (Estrada Edelmira y Bravo Lucas / 2011).

A sus habitantes, antes de la conquista española se les llamaba “Huréndetiechan”, procedente de “Huréndahperi” “el que enseña a otros” (Gilberti Maturino / Diccionario grande de la lengua de Michoacán). Mantenían un régimen tributario encabezado por su Señor “Caricaten” y sus principales divinidades eran el dios serpiente “Acuize Catápeme” y su hermana Puriupe Cuxareti (Corona José / Mitología tarasca).

Jarácuaro entra en los registros de la historia p’urhépecha uacúsecha en el siglo XIII, mediante la unión de hija de “Cúriparaxan” pescador de isla y “Pauácume” Señor uacúsecha, este hecho histórico determinará a la postre el futuro de los p’urhépecha, pues la alianza representa el encuentro entre p’urhépecha ya establecidos en el Lago de Pátzcuaro y los p’urhépecha uacúsechas o “chichimecas”, quienes hasta entonces marchaban sin rumbo fijo. La asociación sintetiza las dos tendencias que van a formar el pueblo p’urhépecha: el grupo sedentario y agrícola que representa la civilización y el grupo guerrero que aportará la fuerza. Al final, el trasfondo de la unión también significo la obtención de una base religiosa-ideológica mayormente aceptada: Curicaueri y Xarátanga.

De la unión de Pauácume y la hija de Curipaxan, llamada Patzimba (Ruiz Eduardo / Michoacán. Paisajes, tradiciones y leyendas) nacerá la máxima figura histórica de la historia prehispánica en Michoacán: Tariácuri, quien nació y fue educado durante sus años párvulos en Jarácuaro. Bajo este marco, la unión entre isleños y guerreros se fortaleció por dos factores: el matrimonio colectivo entre mujeres de Jarácuaro y hombres del linaje uacúsecha y la institucionalización de Pauácume como sacerdote sacrificador de la isla.

Sin embargo, al final ésta primera unión política se fracturó a causa la diplomacia de otro Señorío, el “reino” de Curínguaro (ubicado al sudeste del lago) liderado por Chansori, quien por medio de dos embajadas y ofreciendo mejores tierras y condiciones de comercio logra convencer al Señor de Jarácuaro Caricaten, de romper la alianza con los Uacusechas. Como resultado, Pauácume es denigrado, expulsado y posteriormente asesinado.

Subsiguientemente una segunda coalición entre el Señorío de Jarácuaro y los uacúsecha se vuelve a dar a instancias de Caricaten, quien solicita la ayuda de él entonces ya fuerte y poderoso Tariácuri, para vencer a los isleños de la Pacanda también llamada “Tiripiti honto”. A pesar de resultar vencedores, esta segunda confederación no logra ir más allá de una unión de facto, debido al razonado recelo de Tariácuri por la muerte de su padre. Sin embargo, gracias a este segundo contacto entre combatientes, el guerrero uacúsecha logra establecer nexos con Zapiuatame Zanguata principal de Jarácuaro.

La tercera y última unión prehispánica, se da con Zapiuatame, quien junto con otros principales de Jarácuaro y así como de su ejército, se pone bajo las órdenes Tariácuri y se incorporan al proceso de expansión militar. Es hasta la muerte de Caricaten, cuando Jarácuaro se suma totalmente a la fase expansiva del Señorío P’urhépecha. Zapiuatame conquista para la gloria del Señorío, Paracho, incursiona en tierra caliente dominando Purechucho y Uyameo (cerca de Huetamo) y luego anexiona Aparuato (cerca de Tiquicheo).

A modo de conclusiones, se puede establecer que Jarácuaro fue un elemento fundamental en el proceso de aculturación de los “chichimecas” P’urhépechas, compartieron con ellos conocimientos religiosos, agrícolas y biológicos, entre otras cosas, tal y como análogamente aconteció con los mexicas en el valle de México.

La milenaria isla cambio de nombre por la importancia paulatina que fue adquiriendo como centro ceremonial y militar, en un inicio se denominaba “Uarutaten hazicurin” o “Uarucaten hazicurin”, y al final cambiaron su nombre a “Xarakuarhu” en honor a una de las principales diosas de los p’urhépechas y como reflejo de su participación política, religiosa y militar en la construcción del Señorío P’urhépecha.

Antes de la incorporación total al Señorío de los Uacusechas, Jarácuaro abarcaba la propia isla, el Señorío de Tariaran (Tarian-Harocutin hoy Arocutin) y Cuyameo (isla del lago d Pátzcuaro). Tenían como tributarios a los pueblos de Uricho, Erongarícuaro, Comachuen, Pichátaro y Pareo.

Esbozo histórico presentado en el contexto de la celebración del Kurhíkuaeri K’uínchekua (Fuego y Año Nuevo P’urhépecha) conmemorado en la comunidad de Jarácuaro en el año 2011.

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TERRIBLE MAÑANA DEL 19 DE SEPTIEMBRE DE 1985

VIVENCIA REAL DE HACE 33 AÑOS

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Quiroga, Mich.-Bien recuerdo…

Eran las 06:45 horas de la mañana del 19 de septiembre de 1985 y bien recuerdo cuanto estaba enojado mi padre por los 20 minutos de retraso que llevábamos, su ingreso a su trabajo era a las siete de la mañana pero acostumbraba el estar 15 minutos antes de la hora.

Mi hermana y yo viajábamos en la parte posterior del carro donde mis padres también viajaban y mi hermana contaba con tan solo 8 años, yo tenía 11 años y viajábamos por el viaducto para llegar a la escuela Niel Armstrong donde estudiábamos ella en primaria y yo en primero de secundaria.

La curiosidad de mi hermana basto para darnos cuenta del fuerte sismo que nos sacudía, el viaducto tenía su circulación a vuelta de rueda, el pánico comenzó a darse entre los automovilistas que veíamos como del viaducto (eje central de aguas negras) comenzaba a salir agua; lo que obligó a algunos a comenzar escapar sobre los camellones hacia la lateral previniendo una desgracia.

Sin embargo el panorama afuera del viaducto era peor, los edificios caían, sobre el carro cayeron piedras de los edificios, cristales mientras seguíamos avanzando hasta llegar a la escuela donde vemos a la maestra de español con la cabeza ensangrentada cubierta con su suéter, mis compañeros unos tirados en el suelo heridos llenos de tierra, mi papa se baja y comienza ayudar pero luego de unos minutos sube al carro y caminamos hacia su oficina tres cuadras adelante.

Ahí el panorama era desolador, el edificio donde trabajaban mis padres había caído y junto a nosotros corrían personas desnudas, heridas, sin un brazo, con heridas en la cabeza, bien recuerdo que donde nos estacionamos había una farmacia, mi mamá entro y agarro gasas, alcohol y comenzó apoyar a la gente, recuerdo que su abrigo lo dio a una persona que gritaba “mi bebe, mi bebe” y estaba completamente desnuda.

Mi papa al pertenecer a Cruz Ambar organización de auxilio fue a su oficina dejándonos a nosotros ahí, el relataba haber visto a todos sus compañero muertos, que gritaban algunos de ellos, otros heridos; en ese edificio había muchas, muchas oficinas del Estado Mayor y otras más donde trabajan mis papas y recuerdo que días después acompañe a mis papas a pasar lista y vimos cajas encima de cajas de muertos en todo el estacionamiento y mi mama nos explicó que quizá ahí estuvieran sus compañeros.

Dios nos vio con ojos de misericordia y se bien que el decidió que se nos hiciera tarde porque si hubiésemos salido normalmente mis padres se me hubieran ido mucho antes de mi lado. Desafortunado día nos tocó vivir, pero nos hizo fuertes y nos impulsó a apoyar en todo momento a las personas en desgracia, a valorar la vida, a valorar nuestro hogar y nuestra familia.

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LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS

LA LUCHA POR LA AUTONOMÍA SIGUE
POR: PAVEL ULIANOV

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FOTO: NOTIVISION TV

A más de 200 años del inicio de la lucha por la independencia, los pueblos originarios que aportaron miles de vidas para el triunfo de esta causa, lejos de la historia y celebraciones oficiales, lo único que tienen que celebrar es que continúan firmes en sus resistencias y luchas contra la desigualdad, por la restitución de las tierras comunales, la defensa de sus recursos naturales y la búsqueda incansable e histórica de la autonomía.

En los más de once años que duró el proceso de independencia, la participación de los indígenas en las distintas batallas fue de un 50 a un 60 % del total de los combatientes, cifras nada alejadas de la realidad si se considera que la población para 1814 era de 6,122,000 habitantes, de los cuales los pueblos indígenas constituían el 60%, las castas el 22% y los blancos el 18% (Fuente: Von Gisela / los indígenas y el movimiento de independencia). Lo que significa que miles de indígenas dieron sus vidas y su sangre para que la independencia pudiera surgir, expandirse y consumarse, participando al lado de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Vicente Guerrero entre otros insurgentes.

Los indígenas que se sumaron individual o colectivamente a los combates por la independencia eran personas de alrededor de 30 años, que sostenían una familia, pagaban tributo y cumplían con las obligaciones de sus comunidades. Las causas por las que se unieron a la lucha fueron, la sed de justicia social por la brutal explotación y discriminación a las que eran sometidos, la búsqueda de la restitución de sus tierras y aguas comunales, la promesa de disminución de los tributos y la defensa de la integridad comunal.

Entre los líderes indígenas que participaron en la lucha armada sobresalen Albino García Ramos, Juan Paulin, Pedro Rosas, Lázaro Ximénez, Juan Sebastián Bosques, Encarnación Rojas y Pedro Asencio Alquisiras, este último venció incluso a Agustín de Iturbide en la cañada de Tlatlaya mediante la guerra de guerrillas cuando era realista, “organizó sus partidas haciendo que los habitantes de los pueblos fueran simultáneamente soldados y campesinos, que cabalgando a lomo de mula caían como rayo sobre el enemigo por entre senderos abruptos y con la misma presteza desaparecían” (Herrejón Peredo Carlos / Pedro Ascencio y la consumación de la Independencia), logrando obtener el grado de capitán insurgente.

En el presente, bajo el ámbito de las celebraciones oficiales, los pueblos y comunidades originarias nada tienen que celebrar, el Estado mexicano ha sido totalmente incapaz de resolver la deuda histórica que se mantiene con las ancestrales comunidades, son los más pobres entre los pobres, los más discriminados entre los discriminados y los más explotados entre los explotados.

Las propias cifras oficiales reconocen que en la actualidad 7 de cada 10 indígenas se encuentran en la pobreza (Instituto Nacional de Estadística y Geografía / 2015), el porcentaje de niños indígenas de entre 3 y 5 años que no asiste a la escuela es de 64.4 por ciento, así mismo, un 23 por ciento de hablantes de lenguas originarias, son analfabetas. Por otro lado, 18 millones de indígenas sufren discriminación negativa debido a su fenotipo, vestimenta, idioma o sus costumbres (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social – Occidente / 2016), en otro ámbito, las comunidades continúan siendo despojadas de sus territorios y recursos naturales, toda vez que gran parte de la riqueza petrolera, gasífera y mineral sin explotar del mundo, yace bajo tierras indígenas.

En síntesis, la situación de los pueblos indígenas es similar a la que prevalecía hace más de 200 años “es terrible ver que muchos grupos indígenas siguen igual o peor que en aquella época. Antes de la Guerra de independencia, a pesar de que los indios estaban en encomiendas y en minas donde sufrían muchísimo, al menos tenían reconocidas sus Repúblicas de indios, sus juzgados y la propiedad comunal de sus tierras, desgraciadamente todo eso se fue desvaneciendo” (León-Portilla Miguel / los pueblos indígenas y su participación en la historia de México).

En perspectiva, sin la participación de los pueblos originarios, la guerra de independencia no hubiera sido posible en ninguna de sus fases, son ellos el sujeto de la historia de este proceso social, sin embargo, contradictoriamente, fueron los menos beneficiados, y desde entonces muchos pueblos y comunidades originarias continúan luchando por el autogobierno, la libre autodeterminación y la autonomía, derechos que ni la independencia, ni posteriormente la revolución, 100 años después, han podido restituirles.

“A doscientos años de la independencia y cien de la revolución lo único que podemos celebrar los pueblos indios es que seguimos luchando por la autonomía y la libre autodeterminación y es justo con estas acciones como transgredimos en la vida cotidiana la celebración de arriba” (Domínguez Fortino / Transgredir al bicentenario de arriba).

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LA HISTORIA MÍNIMA DE LA RONDA COMUNITARIA

POR: PAVEL ULLIANOV

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FOTO: EXCLUSIVA NOTIVISION TV

Las Rondas Comunitarias, son fuerzas de seguridad históricas de las comunidades originarias de Michoacán, mantienen una vigencia de más de 500 años, representan una visión de mundo prehispánica, y en tiempos contemporáneos, constituyen una forma de autodeterminación, autogobierno y soberanía indígena.

Antes de la Conquista, los pueblos originarios en el estado se organizaban comunalmente por medio de barrios para la defensa o la guerra entre los Señoríos, la organización barrial era vital, tanto para la conformación del ejército p’urhépecha, como para división y distribución durante la guerra. A través de la representatividad de los barrios se reclutaba a los guerreros p´urhépecha, y durante la batalla, eran divididos en barrios o pueblos (Fuente: Guerra, Conquista y Técnicas de Combate entre los Antiguos Tarascos/ Martínez Roberto).

Lo anterior, también se ilustra en el libro Relación de Michoacán, Tercera Parte, Capítulo V, donde se describe la organización por barrios para la guerra: “A cada uno destos valientes hombres encomendaban un barrio, que era como capitanía, y iba con cada barrio un principal que llevaba la cuenta de cada barrio y conoscia los vecinos dél. Iban a esta conquista los de Mechuacan y los chíchimecas y otomies quel cazonçi tenía subjetos y matlalçingas y vétamaecha y contales y los de Tuspa y Tamaçula y Capotlan. Y enviaba el cazonçi con toda la gente su capitán general…” (Como Destruían o Combatían los Pueblos/Alcalá Jerónimo).

De igual forma, es preciso recordar el singular modo de producción prehispánico p’urhépecha, su división social del trabajo, pues antes del arribo español, se organizaban de manera comunal para la producción por medio de “gremios”, registrándose por lo menos 28 grupos ocupacionales, entre ellos los campesinos, cazadores, pescadores y artesanos, ésta particular forma de organización social, funcionaba también para su ejército p’urhépecha (Los Tarascos/Bartra Roger).

Posteriormente, durante la Colonia, las Rondas fueron institucionalizadas en Michoacán durante las llamadas “Republicas de Indios”, la cual se estableció en territorios densamente poblados por indígenas, funcionando por un tiempo, una especie de sincretismo entre autoridades españolas e indígenas. Bajo este marco, para mantener la “buena gobernación“, los dirigentes indígenas institucionalizaron las Rondas Comunitarias, denominándose de diferente manera: Ronda de Noche, Ronda de Vigilancia, Ronda Comunitaria, entre otros nombres.

A continuación, durante la Revolución, un ejemplo paradigmático de la defensa por medio de las Rondas, se dio en la comunidad de Tarejero, Municipio de Zacapu, donde en 1910 Juan C. de la Cruz organizó la defensa de la comunidad y se sumó a las filas de la rebelión, destacándose en combates en Tiripetío y Acámbaro. Referentes empíricos del carácter combativo de este pueblo p’urhépecha de la Ciénega de Zacapu, son los fortines construidos en la comunidad, en la actualidad permanecen 3 de los 7 fortines edificados (Tárhexeru/Guzmán Cuauhtémoc).

En tiempos contemporáneos, el ejemplo más lúcido de la defensa a través de la Ronda Comunitaria, es la protección de los bosques y de la comunidad que realizó el pueblo de Cherán K´eri, quienes expulsaron de su territorio no sólo a los criminales de la delincuencia organizada, sino a los integrantes del gobierno municipal que los solapaban. En su caminar, conformaron su Ronda Comunitaria, dividida en Ronda del Pueblo y Ronda del Monte, y en el devenir histórico, establecieron los más bajos índices de delincuencia en todo Michoacán y se convirtieron en ejemplo de rebeldía y dignidad.

Finalmente, a través de los años, en las comunidades originarias p’urhépecha prevaleció el concepto de Ronda para referirse a sus propios órganos de seguridad, y desde tiempos inmemoriales, en las comunidades p’urhépecha defienden a su familia, patrimonio, recursos naturales e identidad por medio de las Rondas Comunitarias, en sus propias palabras, “policía es la que pone el gobierno, la ronda surge del pueblo”.

Email: pavel-ulianov@hotmail.com
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