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LOS PRIMEROS DESAPARECIDOS POLÍTICOS EN MICHOACÁN: DESAPARECIDOS P´URHÉPECHA

Por: Pável Uliánov Guzmán

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Entre los años de 1974 y 1976 cinco miembros de la familia Guzmán Cruz (Jesús Guzmán Jiménez; Amafer, Armando, Solón Adenauer y Venustiano Guzmán Cruz), originarios de la comunidad originaria de Tarejero, así como los estudiantes p´urhépecha Rafael Chávez Rosas, Doroteo Santiago Ramírez y José Luis Flores Cruz, fueron detenidos, torturados y desaparecidos por el Estado mexicano, constituyendo un crimen de Lesa Humanidad y el primer referente histórico de las desapariciones forzadas en Michoacán.

Estas desapariciones forzadas por motivos políticos, fueron ejecutadas bajo un contexto de autoritarismo, corrupción gubernamental, injusticia social, fraudes electorales y represiones masivas y selectivas. La represión se convirtió en política de Estado, sistemáticamente fueron reprimidos los movimientos sociales y políticos de oposición, así como a las personas a quienes se consideraba sus bases de apoyo.

En el estado de Michoacán, diversas investigaciones históricas permiten estimar que durante el período de la llamada “Guerra Sucia” (1960 a 1980), entre 11 y 20 personas fueron víctimas de la desaparición forzada, entre ellos, los primeros 8 casos se relatan aquí.

Las desapariciones forzadas en Michoacán, comienzan a partir del 16 de julio de 1974, fecha en que fueron detenidos por agentes de la entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS) en coordinación con el Ejercito Mexicano, los p´urhépecha Amafer Guzmán Cruz, Concejo Directivo de la Casa del Estudiante Nicolaíta y dirigente estatal del Movimiento de Acción Revolucionaria, junto con otros tres estudiantes indígenas Rafael Chávez Rosas, Doroteo Santiago Ramírez y José Luis Flores Cruz.  Los cuatro fueron secuestrados por el Estado mexicano y trasladados a la XXI Zona Militar, para de ahí ser llevados a las instalaciones de la DFS en la Ciudad de México y posteriormente al Campo Militar No. 1, lugar donde fueron interrogados, torturados y posteriormente desparecidos.

Después de su detención, se desató una cruenta persecución en contra de sus familiares, quienes no tenían relación alguna con actividades políticas. El 19 de Julio de 1974 fue detenido por miembros de la DFS Armando Guzmán Cruz en su domicilio ubicado en Ciudad Netzahualcóyotl en el Estado de México y desaparecido. Posteriormente el 24 de Julio de 1974 por sexta ocasión, elementos del Ejército Mexicano y la DFS irrumpieron en la casa de la Familia Guzmán Cruz, ubicada en la comunidad indígena de Tarejero, Municipio de Zacapu, Michoacán, golpeando a todos los miembros de la familia y deteniendo al señor José de Jesús Guzmán Jiménez, así como a sus hijos adolescentes Solón Adenauer Guzmán Cruz de 17 años de edad y Venustiano Guzmán Cruz de 15, a partir de esa fecha, se desconoce el paradero del señor José de Jesús y del Adolescente Solón Adenauer.

En el caso de Venustiano, los agentes estatales lo pusieron en libertad antes de trasladar a su padre y hermano la ciudad de México, solo para que dos años después, en febrero de 1976, fuese nuevamente detenido y desaparecido en el estado de Guerrero.

A 44 años de su detención, tortura y desaparición forzada, el  Estado mexicano aún no respondido por estos delitos de lesa humanidad, a pesar de que la desaparición forzada  de integrantes de cinco integrantes de la familia Guzmán Cruz fue denunciada y documentada ante el Comité Nacional Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados por Motivos Políticos , ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos quien emitió la recomendación 26/2001, en la  Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, ante el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Desaparición Forzada o Involuntaria,  y actualmente en caso se encuentra en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Finalmente, bajo una necesidad inaplazable y una deuda histórica, así como por el contexto actual, hoy más que nunca es necesario legislar en materia de desaparición forzada en Michoacán. En las pasadas cinco Legislaturas del Congreso del Estado, organismos defensores de los derechos humanos y familiares víctimas de la desaparición forzada, presentaron diferentes proyectos de iniciativas de ley para prevenir y sancionar  la desaparición forzada.

A la fecha, el Congreso del Estado no ha cumplido con esta deuda histórica, esto a pesar de que la necesidad de legislar contra la desaparición forzada está respaldada por sentencias y recomendaciones internacionales, de igual forma es imprescindible la armonización de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, publicada el 17 de noviembre del 2017, y existe un reclamo de miles de familias que han padecido este delito de lesa humanidad.

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TERRIBLE MAÑANA DEL 19 DE SEPTIEMBRE DE 1985

VIVENCIA REAL DE HACE 33 AÑOS

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Quiroga, Mich.-Bien recuerdo…

Eran las 06:45 horas de la mañana del 19 de septiembre de 1985 y bien recuerdo cuanto estaba enojado mi padre por los 20 minutos de retraso que llevábamos, su ingreso a su trabajo era a las siete de la mañana pero acostumbraba el estar 15 minutos antes de la hora.

Mi hermana y yo viajábamos en la parte posterior del carro donde mis padres también viajaban y mi hermana contaba con tan solo 8 años, yo tenía 11 años y viajábamos por el viaducto para llegar a la escuela Niel Armstrong donde estudiábamos ella en primaria y yo en primero de secundaria.

La curiosidad de mi hermana basto para darnos cuenta del fuerte sismo que nos sacudía, el viaducto tenía su circulación a vuelta de rueda, el pánico comenzó a darse entre los automovilistas que veíamos como del viaducto (eje central de aguas negras) comenzaba a salir agua; lo que obligó a algunos a comenzar escapar sobre los camellones hacia la lateral previniendo una desgracia.

Sin embargo el panorama afuera del viaducto era peor, los edificios caían, sobre el carro cayeron piedras de los edificios, cristales mientras seguíamos avanzando hasta llegar a la escuela donde vemos a la maestra de español con la cabeza ensangrentada cubierta con su suéter, mis compañeros unos tirados en el suelo heridos llenos de tierra, mi papa se baja y comienza ayudar pero luego de unos minutos sube al carro y caminamos hacia su oficina tres cuadras adelante.

Ahí el panorama era desolador, el edificio donde trabajaban mis padres había caído y junto a nosotros corrían personas desnudas, heridas, sin un brazo, con heridas en la cabeza, bien recuerdo que donde nos estacionamos había una farmacia, mi mamá entro y agarro gasas, alcohol y comenzó apoyar a la gente, recuerdo que su abrigo lo dio a una persona que gritaba “mi bebe, mi bebe” y estaba completamente desnuda.

Mi papa al pertenecer a Cruz Ambar organización de auxilio fue a su oficina dejándonos a nosotros ahí, el relataba haber visto a todos sus compañero muertos, que gritaban algunos de ellos, otros heridos; en ese edificio había muchas, muchas oficinas del Estado Mayor y otras más donde trabajan mis papas y recuerdo que días después acompañe a mis papas a pasar lista y vimos cajas encima de cajas de muertos en todo el estacionamiento y mi mama nos explicó que quizá ahí estuvieran sus compañeros.

Dios nos vio con ojos de misericordia y se bien que el decidió que se nos hiciera tarde porque si hubiésemos salido normalmente mis padres se me hubieran ido mucho antes de mi lado. Desafortunado día nos tocó vivir, pero nos hizo fuertes y nos impulsó a apoyar en todo momento a las personas en desgracia, a valorar la vida, a valorar nuestro hogar y nuestra familia.

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LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS

LA LUCHA POR LA AUTONOMÍA SIGUE
POR: PAVEL ULIANOV

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FOTO: NOTIVISION TV

A más de 200 años del inicio de la lucha por la independencia, los pueblos originarios que aportaron miles de vidas para el triunfo de esta causa, lejos de la historia y celebraciones oficiales, lo único que tienen que celebrar es que continúan firmes en sus resistencias y luchas contra la desigualdad, por la restitución de las tierras comunales, la defensa de sus recursos naturales y la búsqueda incansable e histórica de la autonomía.

En los más de once años que duró el proceso de independencia, la participación de los indígenas en las distintas batallas fue de un 50 a un 60 % del total de los combatientes, cifras nada alejadas de la realidad si se considera que la población para 1814 era de 6,122,000 habitantes, de los cuales los pueblos indígenas constituían el 60%, las castas el 22% y los blancos el 18% (Fuente: Von Gisela / los indígenas y el movimiento de independencia). Lo que significa que miles de indígenas dieron sus vidas y su sangre para que la independencia pudiera surgir, expandirse y consumarse, participando al lado de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Vicente Guerrero entre otros insurgentes.

Los indígenas que se sumaron individual o colectivamente a los combates por la independencia eran personas de alrededor de 30 años, que sostenían una familia, pagaban tributo y cumplían con las obligaciones de sus comunidades. Las causas por las que se unieron a la lucha fueron, la sed de justicia social por la brutal explotación y discriminación a las que eran sometidos, la búsqueda de la restitución de sus tierras y aguas comunales, la promesa de disminución de los tributos y la defensa de la integridad comunal.

Entre los líderes indígenas que participaron en la lucha armada sobresalen Albino García Ramos, Juan Paulin, Pedro Rosas, Lázaro Ximénez, Juan Sebastián Bosques, Encarnación Rojas y Pedro Asencio Alquisiras, este último venció incluso a Agustín de Iturbide en la cañada de Tlatlaya mediante la guerra de guerrillas cuando era realista, “organizó sus partidas haciendo que los habitantes de los pueblos fueran simultáneamente soldados y campesinos, que cabalgando a lomo de mula caían como rayo sobre el enemigo por entre senderos abruptos y con la misma presteza desaparecían” (Herrejón Peredo Carlos / Pedro Ascencio y la consumación de la Independencia), logrando obtener el grado de capitán insurgente.

En el presente, bajo el ámbito de las celebraciones oficiales, los pueblos y comunidades originarias nada tienen que celebrar, el Estado mexicano ha sido totalmente incapaz de resolver la deuda histórica que se mantiene con las ancestrales comunidades, son los más pobres entre los pobres, los más discriminados entre los discriminados y los más explotados entre los explotados.

Las propias cifras oficiales reconocen que en la actualidad 7 de cada 10 indígenas se encuentran en la pobreza (Instituto Nacional de Estadística y Geografía / 2015), el porcentaje de niños indígenas de entre 3 y 5 años que no asiste a la escuela es de 64.4 por ciento, así mismo, un 23 por ciento de hablantes de lenguas originarias, son analfabetas. Por otro lado, 18 millones de indígenas sufren discriminación negativa debido a su fenotipo, vestimenta, idioma o sus costumbres (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social – Occidente / 2016), en otro ámbito, las comunidades continúan siendo despojadas de sus territorios y recursos naturales, toda vez que gran parte de la riqueza petrolera, gasífera y mineral sin explotar del mundo, yace bajo tierras indígenas.

En síntesis, la situación de los pueblos indígenas es similar a la que prevalecía hace más de 200 años “es terrible ver que muchos grupos indígenas siguen igual o peor que en aquella época. Antes de la Guerra de independencia, a pesar de que los indios estaban en encomiendas y en minas donde sufrían muchísimo, al menos tenían reconocidas sus Repúblicas de indios, sus juzgados y la propiedad comunal de sus tierras, desgraciadamente todo eso se fue desvaneciendo” (León-Portilla Miguel / los pueblos indígenas y su participación en la historia de México).

En perspectiva, sin la participación de los pueblos originarios, la guerra de independencia no hubiera sido posible en ninguna de sus fases, son ellos el sujeto de la historia de este proceso social, sin embargo, contradictoriamente, fueron los menos beneficiados, y desde entonces muchos pueblos y comunidades originarias continúan luchando por el autogobierno, la libre autodeterminación y la autonomía, derechos que ni la independencia, ni posteriormente la revolución, 100 años después, han podido restituirles.

“A doscientos años de la independencia y cien de la revolución lo único que podemos celebrar los pueblos indios es que seguimos luchando por la autonomía y la libre autodeterminación y es justo con estas acciones como transgredimos en la vida cotidiana la celebración de arriba” (Domínguez Fortino / Transgredir al bicentenario de arriba).

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LA HISTORIA MÍNIMA DE LA RONDA COMUNITARIA

POR: PAVEL ULLIANOV

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FOTO: EXCLUSIVA NOTIVISION TV

Las Rondas Comunitarias, son fuerzas de seguridad históricas de las comunidades originarias de Michoacán, mantienen una vigencia de más de 500 años, representan una visión de mundo prehispánica, y en tiempos contemporáneos, constituyen una forma de autodeterminación, autogobierno y soberanía indígena.

Antes de la Conquista, los pueblos originarios en el estado se organizaban comunalmente por medio de barrios para la defensa o la guerra entre los Señoríos, la organización barrial era vital, tanto para la conformación del ejército p’urhépecha, como para división y distribución durante la guerra. A través de la representatividad de los barrios se reclutaba a los guerreros p´urhépecha, y durante la batalla, eran divididos en barrios o pueblos (Fuente: Guerra, Conquista y Técnicas de Combate entre los Antiguos Tarascos/ Martínez Roberto).

Lo anterior, también se ilustra en el libro Relación de Michoacán, Tercera Parte, Capítulo V, donde se describe la organización por barrios para la guerra: “A cada uno destos valientes hombres encomendaban un barrio, que era como capitanía, y iba con cada barrio un principal que llevaba la cuenta de cada barrio y conoscia los vecinos dél. Iban a esta conquista los de Mechuacan y los chíchimecas y otomies quel cazonçi tenía subjetos y matlalçingas y vétamaecha y contales y los de Tuspa y Tamaçula y Capotlan. Y enviaba el cazonçi con toda la gente su capitán general…” (Como Destruían o Combatían los Pueblos/Alcalá Jerónimo).

De igual forma, es preciso recordar el singular modo de producción prehispánico p’urhépecha, su división social del trabajo, pues antes del arribo español, se organizaban de manera comunal para la producción por medio de “gremios”, registrándose por lo menos 28 grupos ocupacionales, entre ellos los campesinos, cazadores, pescadores y artesanos, ésta particular forma de organización social, funcionaba también para su ejército p’urhépecha (Los Tarascos/Bartra Roger).

Posteriormente, durante la Colonia, las Rondas fueron institucionalizadas en Michoacán durante las llamadas “Republicas de Indios”, la cual se estableció en territorios densamente poblados por indígenas, funcionando por un tiempo, una especie de sincretismo entre autoridades españolas e indígenas. Bajo este marco, para mantener la “buena gobernación“, los dirigentes indígenas institucionalizaron las Rondas Comunitarias, denominándose de diferente manera: Ronda de Noche, Ronda de Vigilancia, Ronda Comunitaria, entre otros nombres.

A continuación, durante la Revolución, un ejemplo paradigmático de la defensa por medio de las Rondas, se dio en la comunidad de Tarejero, Municipio de Zacapu, donde en 1910 Juan C. de la Cruz organizó la defensa de la comunidad y se sumó a las filas de la rebelión, destacándose en combates en Tiripetío y Acámbaro. Referentes empíricos del carácter combativo de este pueblo p’urhépecha de la Ciénega de Zacapu, son los fortines construidos en la comunidad, en la actualidad permanecen 3 de los 7 fortines edificados (Tárhexeru/Guzmán Cuauhtémoc).

En tiempos contemporáneos, el ejemplo más lúcido de la defensa a través de la Ronda Comunitaria, es la protección de los bosques y de la comunidad que realizó el pueblo de Cherán K´eri, quienes expulsaron de su territorio no sólo a los criminales de la delincuencia organizada, sino a los integrantes del gobierno municipal que los solapaban. En su caminar, conformaron su Ronda Comunitaria, dividida en Ronda del Pueblo y Ronda del Monte, y en el devenir histórico, establecieron los más bajos índices de delincuencia en todo Michoacán y se convirtieron en ejemplo de rebeldía y dignidad.

Finalmente, a través de los años, en las comunidades originarias p’urhépecha prevaleció el concepto de Ronda para referirse a sus propios órganos de seguridad, y desde tiempos inmemoriales, en las comunidades p’urhépecha defienden a su familia, patrimonio, recursos naturales e identidad por medio de las Rondas Comunitarias, en sus propias palabras, “policía es la que pone el gobierno, la ronda surge del pueblo”.

Email: pavel-ulianov@hotmail.com
Facebook: /PavelUlianov

 

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